Las preguntas de siempre, resueltas al momento
Disponibilidad, horarios, estado de un pedido: el agente responde con sus datos reales, no con un texto fijo, y escala lo que no puede resolver.
Las consultas que llegan por Instagram entran a la misma bandeja que WhatsApp, la web y el correo. El agente responde con su catálogo, toma los datos, agenda, y pasa a una persona lo que necesita criterio. El cliente no nota el cambio de canal; su equipo tampoco.

























Lo que dicen los datos del canal
El mismo mensaje, dos resultados. La diferencia no es el tono: es que el agente consulta sus sistemas, decide dentro de su política y deja la gestión hecha.
Un chatbot que responde
El cliente sigue esperando
Un agente que resuelve
Gestión cerrada en la conversación
Disponibilidad, horarios, estado de un pedido: el agente responde con sus datos reales, no con un texto fijo, y escala lo que no puede resolver.
Alguien pregunta por un producto que vio en una publicación. El agente lo identifica en el catálogo, confirma precio y disponibilidad y toma el pedido con los datos completos.
Instagram deja de ser el teléfono de una persona. Cada conversación tiene dueño, historial y el contexto de lo que ese cliente ya habló por otros canales.
Cuando alguien pregunta el precio en un comentario o en una historia, el agente responde por mensaje directo con catálogo y cobro.
Quien responde a una historia o menciona la cuenta recibe atención en el mismo mensaje directo, no un «escríbanos por WhatsApp».
El agente contesta el comentario y lleva el detalle al directo: precios, cuotas y datos del cliente no quedan a la vista de todos.
Lo que entra por un anuncio queda atribuido en el tablero, junto con lo que se vendió a partir de esa conversación.
Lo que arma para este canal sirve en los otros seis.
Arme un agente, conéctelo a sus sistemas y mírelo trabajar sobre un caso real. O agendamos 30 minutos y definimos qué indicador va a mover.
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